La escritura en la escuela ha muerto. Y la culpa no es de ChatGPT.
Escribir es pensar. Es la base y donde se concreta el pensamiento crítico, tan en boca de todos ahora. Pero el aprendizaje de la escritura está en peligro porque evaluar no escala.
Soy profesor desde hace 10 años. Mi madre lo es desde hace más de 30. Hace unas semanas le pregunté: «¿Por qué haces escribir tan poco a tus alumnos?».
Su respuesta no me sorprendió: «Porque cada vez que mando escribir me llevo un montón de hojas a casa, me paso el fin de semana corrigiendo y, total, para devolverles el texto una semana más tarde y que ni se lo miren».
En ese momento lo vi claro: el profesor es el cuello de botella. Solo puede corregir un número limitado de textos a la semana. El aprendizaje se estanca.
Y eso hace que los alumnos escriban muy poco (1 o 2 textos al trimestre), el feedback llegue tarde (de media 9 días después) y no mejoren.
Además, los profesores ya no pueden mandar escribir a casa porque, adivinad: lo hacen con ChatGPT.
La paradoja es que esta misma tecnología que amenaza el aprendizaje de la escritura es la que puede ayudarnos a romper el cuello de botella del feedback.
No necesitamos profesores héroes corrigiendo los domingos.
Necesitamos un modelo que haga posible lo que sabemos que funciona: práctica frecuente + feedback rápido.
Si no lo logramos, la escritura se convertirá en un lujo.
P.D. La foto es de mi presentación en Wayra, donde explicaba cómo queremos solucionar esto con Maitic. Porque la tecnología no debería sustituir al pensamiento, sino darle el espacio que necesita para crecer.